| |
“Júrame” |
| |
Fecha :2010-07-30 |
| |
|
| |
|
| |
EN LAS NUBES
Carlos Ravelo Galindo, afirma:
Quién de la época de oro no ha escuchado las canciones de María Joaquina de la Portilla Torres, que toma el apellido del ingeniero estadunidense León Augusto Grever al contraer matrimonio con él en 1907. Muchos jóvenes hacen alarde de sus letras, como por ejemplo Júrame, Te quiero dijiste, Alma Mía, No niegues que me quisiste, para solamente hablar de cuatro de sus ochocientas composiciones.
Ella, María Grever, nació en León, Guanajuato, el 16 de agosto de l884. Y fallece en la ciudad de Nueva York el 15 de diciembre de l951, a los 67 años. Su última voluntad se cumplió al darle sepultura en México.
Hija de la mexicana Julia Torres y del sevillano Francisco de la Portilla radica sus primeros seis años en su lugar de nacimiento. Estudió en el Colegio del Sagrado corazón, en donde existen testimonios de que a los cuatro años compuso un villancico navideño con versos escritos por ella. A los seis años sus padres la llevan a Sevilla, España, en donde recibe educación musical. Y más tarde se trasladan a Paris, Francia, en donde recibe clases de los músicos Claude Debussy y Franz Lenhard, quienes le aconsejan conserve su espontaneidad.
Regresa a México y en l907 contrae matrimonio. Con su esposo, técnico petrolero, se instala en Jalapa, Veracruz, donde procrean tres hijos. Regresan al Distrito federal en el que permanecen hasta que la revolución, en l9l6, los obliga a emigrar a Nueva York.
Fue en 1926 cuando su melodía “Júrame” alcanza un éxito inusitado, al interpretarla José Mojica, cantante del momento que luego ingresa a una orden religiosa. En ese entonces el bolero nace como la música más popular. Desde entonces María Grever alcanza éxito tras éxito con obras como: Así; Alma Mía; Te quiero, dijiste; Ya no me quieres; Por si no te vuelvo a ver; No niegues que me quisiste; Volveré; Tipitipitín; Tu, tu y tu; Dame tu amor; Una rosa, un beso; Cuando vuelva a tu lado. Así, hasta llegar a ochocientas.
En una ocasión que vino a México, en l949, don Emilio Azcárraga Vidaurreta, pidió al pianista Agustín Lara fuera a recibirla al aeropuerto y la aposentara en el hotel Regis, otrora famosa hospedería que se derrumbó en el sismo de l986. Allí, ambos, María Grever y Agustín Lara platicaron sobre música durante algunas horas. Ella comentó al joven veracruzano lo duro que era llegar al triunfo y, por último, ordenó a su chofer que regresara a Lara a la XEW radio, en Ayuntamiento.
Agustín Lara platicó que cuando, en la noche, llegó a su domicilio encontró una carta que ella había depositado en la bolsa de su americana en donde le informaba:
“De todas las canciones mexicanas que llegaron a Nueva York, inconscientemente elegí sólo cinco entre ochenta de ellas y fue una sorpresa ver que todas eran del mismo autor: Agustín Lara. Es mi convicción que tienes un gran porvenir, pues tu inspiración es purísima y espontanea. No tardarás mucho en ser una gloria nacional”. Eso lo escribió apenas dos años antes de morir. No era adivina, si conocedora.
En efecto Agustín Lara, como compositor, y Pedro Vargas, como el ejecutor de sus canciones, son una gloria de México. Ambos, a quien conoció María Grever, al primero pronosticó su triunfo, al segundó ponderó por su voz.
María Grever no sólo capturó el alma de las gentes, sino logró ensamblar perfectamente entre sí letras y música, como también lo hicieron varios compositores mexicanos, entre ellos Agustín Lara.
Hoy muchos compositores llaman a otro autor para que les escriba la letra. Así sucede.
carlosravelogalindo@yahoo.com.mx
|
|
|